miércoles, 1 de junio de 2011

Una partida sellada con el Che

Una partida sellada con el Che

Por Eduardo Luis Martín

Para muchas personas es bien conocida la afición que Ernesto Guevara tenia por los deportes y en especial por el ajedrez, su sistemática asistencia a los torneos Capablanca in Memoriam y la participación en topes y simultaneas organizadas en el Ministerio de Industrias y otras.

Tanto era así que entre las más preciadas pertenencias de campaña, en su mochila no podía faltar un pequeño tablero y las piezas del juego ciencia, pasatiempos que compartía con los compañeros en sus escasos ratos de ocio.

Una de las vivencias más significativas de Fernando Aldama Almera, combatiente internacionalista del municipio matancero de Jagüey Grande y quien participó en la misión encabezada por el comandante Guevara hace 35 años en el Congo, fue tener la oportunidad de intercambiar alfiles, torres, caballos y peones con el jefe guerrillero.

Cuenta que era uno de los pocos que jugaba ajedrez en el grupo de guarnición de la jefatura, pero nunca le ganaba. En una oportunidad logro hacerle tablas y después entró de guardia y salió a las dos de la madrugada confiado en poder acostarse a descansar, rememora: A esa hora, su contrincante, quien leía hasta bien tarde en la noche, le acechaba para dirimir el desempate de la partida sellada.

Como el joven combatiente tenia mucho sueño perdió sin presentar resistencia de inmediato el adversario protesto: vamos a volver a jugar porque te dejaste ganar para irte a dormir.

" Lo recuerdo con admiración por sus cualidades como hombre abnegado, su justeza, valor y sobre todo porque era muy humanitario.

" En otra ocasión-- continua-- en que cumplí una misión con otro compañero, después de caminar dos días, al regresar al campamento no quedaba más comida que la de Tatu, nombre del Che en la guerrilla y este le dijo al cocinero que la sirviera para nosotros ".

El fornido combatiente cuenta que el era uno de los de menor edad del grupo y el dia que arribo a los 17 años, el Che lo obsequio liberándolo de la guardia.

"Una vez pasó una avioneta enemiga de reconocimiento, que a veces ametrallaba, y rápidamente nos metimos en una cañada profunda que había. El Che se quedó afuera, miró hacia abajo y dijo: "Si me meto ahí es posible que me ensucie los pies, lo que nos abochornó y acordamos no bajar al improvisado refugio hasta que Tatu no entrara".

Señala Kukula, nombre de Fernando en la guerrilla, que además de enseñarles francés y el dialecto swahili , el medico argentino-cubano les impartía clases de política, para comprender bien el objetivo de la misión en Africa y se identificaba con la tropa de forma respetuosa y un fino humor que nos hacia reflexionar.

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