| Entre las cinco industrias que inauguró el Comandante Ernesto Guevara en Villa Clara, está la hoy Empresa Militar Industrial (EMI) que lleva su nombre, y que anteriormente se conociera con el del luchador antifascista checo Julios Fucik. A 35 años de su creación publicamos testimonios inéditos de seis de sus fundadores, todavía en activo, y que ocuparon puestos claves cuando, bajo el simple nombre de Fábrica de Herramientas, nadie podía imaginarse que, La Campana, Manicaragua, radicaba una “obra de guerra”, de donde muy pronto saldrían los pertrechos que desempeñarían un papel decisivo durante el enfrentamiento a las bandas contrarrevolucionarias que operaban en el Escambray. El año 1962 marca sus inicios. De entonces no se encontrarán referencias en ningún medio de prensa. Su carácter secreto no permitía el acceso, Ni fotos, ni reportajes de la época, a no ser aquellas imágenes y hechos que quedan en la memoria de quienes la echaron a andar. ¡CUIDADO CON EL CUATE...! (Pablo Rodríguez Romero, gerente comercial) “Trabajaba en La Habana, cuando el Che pidió a cinco obreros de los más capacitados para ir a una nueva industria. Sin saber exactamente de qué se trataba, me fui para Checoslovaquia a estudiar Construcción y Montaje; en cuatro meses aprendí todo lo que pude. “Para acá regresé como jefe de un taller. Sí, el Che venía con relativa frecuencia, sin avisar, con Aleida y uno o dos de su escolta. La primera vez yo me estaba bañando, mojado y todo me tiré algo de ropa y salí a mostrarle las naves, aún sin montar las máquinas, que entraron al país embaladas como implementos agrícolas, de ahí el rótulo CONDE INRA. ¿Que qué significaba? El apellido del Cuate, Antonio del Conde y Pontones, el mismo que le consiguió el yate Granma a Fidel, y que fue nuestro primer director. Cuando pasamos por el lado de una de aquellas cajas, me dice sonriente: ¡Cuidado con el Cuate, no vaya a ser que se quiera llevar las máquinas cuando regrese a México! “Eso fue a principios de 1962, después vino a finales de ese mismo año, ya producíamos municiones de infantería. Entre el 63 y el 64 volvió de nuevo. En otra oportunidad lo acompaño hasta la salida; se inicia el movimiento de tierra para la construcción de la comunidad. Me tiró un brazo por encima y preguntó mirándome fijamente: ¿Y las casas?, ya tienen esto en producción y no veo por ninguna parte dónde van a vivir. En 1965 fue cuando entregamos las primeras viviendas.” SE PARÓ DETRÁS DE UN TORNERO (Rolando Herrera Abreu, mecánico de mantenimiento) “Llegué aquí procedente del llamado curso INPUD. No tenía ni segundo grado cuando me incorporé. Luego de un año fui seleccionado para laborar en esta fábrica. “Antes de iniciar las clases, el Che nos reunió y nos dijo más o menos estas palabras: Ustedes van a comenzar con este curso, van a comenzar a levantar el pie para ponerlo en el primer escalón, y esta escalera de ustedes es muy larga. ¡Y sí que era larga, como la propia historia de esta industria donde me he superado mucho... Sí, creo que fue en su segunda visita cuando lo vi de cerca. Yo estaba en el taller 12, nadie se percató de cuando entró, ni el propio tornero detrás del cual se mantuvo unos segundos observando atentamente cómo picaba un hierro. Cuando aquel muchacho se dio cuenta, de tan nervioso que se pudo, partió el pelo de la segueta.” NO SE CONFORMABA CON PREGUNTAR (Martín Díaz Cruz, jefe de Garantía de la Calidad) “También soy de aquel famoso curso, cuyos graduados nutrieron las primeras industrias villaclareñas que inauguró el propio Che. Me había adiestrado como mecánico y me asignaron a la nave 11. Recuerdo que un compañero -ya fallecido- y yo, estábamos ajustando una máquina cuando lo vimos entrar y pararse al lado de una operadora. Se la ‘comió’ a preguntas y después metió la mano en la tambora. Luego, la siguió interrogando. ¿Que cómo yo veía entonces al Che? Como un dirigente más. Su verdadera talla y dimensión la conozco a través de su paso por la historia.” LO CONOCÍ EN EL TRABAJO VOLUNTARIO (Rogelio Gener Linares, termista, fábrica 5) “Yo estudié en La Habana, la misma especialidad que tengo ahora. En aquella escuela todos los fines de semana íbamos a cortar caña, y el Che con nosotros. Era muy exacto, empezaba a las 7:00 a.m. y no abandonaba el surco hasta las 11:00 en punto. Eso, sábado tras sábado, de modo que fui haciendo confianza con el jefe de su escolta, hasta que llegué a preguntarle que cómo podía, siendo ministro, hacer tantas cosas. Pues mira -me dijo-, después estudia hasta las 6:00 de la tarde y se acuesta a las 3:00 de la madrugada, ¿qué te parece? “¡Ah!, yo tenía perspectivas como deportista, y va a verme una comisión para que integrara el equipo juvenil de Cuba. El director se negó, dijo que había que consultarlo con el Che, así que de entrada ya sabía la respuesta, mis sueños de campeón se fueron a bolina. Ahora reconozco sus razones: el tratamiento térmico en cualquier pieza es fundamental, y el Che bien lo sabía. ¿Que a dónde fui asignado al terminar? Al Moldes y Troqueles, en la INPUD, de ahí fue que vine para acá.” ¿TAN CHIQUITO Y TRABAJAS AQUÍ...? (Roland Suárez Martínez, jefe de la Sección Técnica, Unidad de Mantenimiento) “Cuando ya Santa Clara estaba liberad, salí a la calle junto con mis padres y todo el pueblo, loco por conocer al Che. Sí, lo vi; después vino lo del curso en el tecnológico del Abel Santamaría. Tenía solo 14 años. Cuando terminé me mandaron a la INPUD; estuve en su inauguración y, por segunda vez, lo tuve cerca. Luego me asignan acá, como tornero. Como además de corto en edad, lo era -y soy- de estatura, para alcanzar a la máquina me hicieron una especia de parrilla. Fue el mismo día de la anécdota del que rompió el pelo de segueta. Cuando pasó por donde yo estaba, me miró de arriba abajo y me preguntó: ¿Pero cómo es que tan chiquitico y trabajas aquí? Yo simplemente le dije, es que soy de un curso, Comandante. Como si allá no los hubiera habido de todas las tallas y pesos.” ¿CÓMO TE SENTÍS EN UNA FÁBRICA COMO ESTA...? (Ismael Amador García, chofer-comprador del Departamento Comercial) “Ya ahorita tengo 60 años y he pasado y dirigido casi en todos los talleres, aunque aquí me estrené como mecánico herramental. En una de las visitas que hizo el Che -creo que fueron cuatro-, me encontraba operando un taladro vertical de mesa, y él, muy serio, avanzaba controlando puesto por puesto, hasta que llegó al mío y me preguntó si yo también procedía del curso INPUD. Le dije que sí, y enseguida volvió a interrogarme: ¿Cómo vos te sentís en una fábrica como esta, en medio del Escambray? Bien, Comandante, siempre y cuando se mantengan las condiciones y todo el que entre sea seleccionado.” |
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